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    February 11

    El Regreso

    Todo comenzó el viernes 8.

     

    El móvil empezó a agitarse, me altere. Tras descolgar, se me comunicaba una posible escapada a El Paraíso. Me exalte, volvería al lugar meses después, deseaba volver. La reunión tendría lugar a las 18.00. Nada deseaba más que volver, volver al lugar de la tranquilidad, del reposo, donde se encuentra la libertad. 

    Nos reunimos en el que antaño fue uno de los puntos de encuentro, la primera escapada del año lo merecía. Se acordaron dos expediciones. La primera partiría el sábado “ante meridiem” y la otra, tras mi regreso de Mondragón, donde los Dolphins debían ganar para colocarse en los puestos de ascenso.

     

    El sábado por la mañana recibí la notificación de que el primer grupo estaba en camino. Las ganas de partir casi me hacen olvidar porque yo seguía en Donostia.

     

     Llego la hora de partir hacia Mondragón. Los Dolphins poníamos rumbo hacia una nueva victoria, pero no pudo ser y nos ahogamos, cedimos un partido que no debíamos perder.

    Tras el fracaso absoluto, llegaba el momento de dirigirse al lugar.

     

    Todo estaba dispuesto para partir hacia el lugar, pero en el momento de emprender la marcha a pie, la linterna se apago, bueno en realidad no llego a encenderse, había pensado en la necesidad de luz artificial, al ser marcha nocturna, las baterías eran nuevas, pero no había comprobado el correcto funcionamiento de la linterna.

     

    Desesperación, frustración, todo hacia indicar que el segundo grupo no alcanzaría el objetivo. No había forma de ponerse en contacto con la avanzadilla y debían de estar esperando. Tras unos minutos, las enseñanzas de un colaborador de la  Fundación Phoenix, MacGyver, fueron aplicadas. Se hizo la luz.

     

    Comenzó la marcha con cierto retraso, mochila a la espalda y linterna en mano.  La luz artificial dejaba ver el pedregoso suelo junto a los pies, alrededor solo oscuridad.

    Tras la primera media hora, llego el momento de coger la senda definitiva, la que lleva directa al objetivo, al descanso.

     

    Comienza el peligro, el camino se torna mas complicado,  la falta de luz es el peor aliado, pero no hay marcha atrás.

     

    Al fin, el punto de encuentro estaba ceca, debía de verse, pero no había luz de lumbre ni ruido alguno. Haces de luz señalando el lugar, y de repente una voz en la oscuridad. Allí estaban con los últimos vestigios de lo que había sido un fuego, resguardándose del frío invernal.

     

    El domingo amanecimos pronto, desayunamos y para cuando el sol se empezaba a intuir ya estábamos disfrutando de estar allí.